Huelga indefinida, por favor

Vuelvo de vacaciones y se me presentan dos clásicos apasionantes, trepidantes y únicos. ¿Seguro? En verdad podría parecer que así es, sin embargo tuvimos que esperar hasta el final del segundo partido para ver que esto no ha cambiado, que esta gente se odia cual forofos y que la temporada pinta igual que la anterior, o peor.

De veras que ayer sentí vergüenza, pena y tristeza por ver al fútbol español enfermar hasta poder afirmar que está podrido hasta el fondo. Y digo el fútbol español al completo porque desafortunadamente nuestro fútbol no es más que estos dos equipos, y estos dos equipos están asqueados el uno del otro hasta el punto de que si el partido no acaba en un ring de boxeo, este se traspasa a la rueda de prensa.
Y el mayor problema que yo siento dentro de mí es que no veo solución a esta trama. Personalmente considero que estos dos equipos están tan vistos el uno respecto del otro, se conocen tanto y fuerzan tanto cada jugada que ningún encuentro puede acabar bien. Se tienen demasiadas ganas para lo que debe ser este deporte y ninguno de los dos va a ceder en este aspecto. Por tanto, estos encuentros estarán abocados a este tipo de final hasta que, a mi modo de ver, Mourinho y Guardiola abandonen los banquillos de sus respectivos equipos. Y no vale con uno solo. O se van los dos o esto no acaba. Y a mi, enormemente, me encantaría que se fueran los dos y que no volvieran nunca.

Sin embargo, y aunque quede en un segundo plano, el Real Madrid ha sido muy superior al Barça en los dos partidos. Mi orgullo hacia el club blanco volvía a lo largo de 175 minutos inconmensurables en los que el club de la capital conseguía dominar a un indomable Barcelona. Presionando arriba, jugando al ataque, impidiendo al Barça jugar como le gusta llegando incluso a quitarle la posesión en muchos momentos de ambos encuentros y, lo más condicionante, lo segundo más importante en el fútbol después de los goles, creando más ocasiones de gol que el equipo blaugrana. Sin embargo, lo que manda en el fútbol es el que mete la pelotita más veces en la portería y en eso, solo en eso, ganó el Barça.
Mourinho dijo el año pasado que sus equipos son mejores en su segundo año. Analizando estas declaraciones, me aventuro a decir que este Madrid ya es mejor que el del año pasado. Ese primer año de Mou al frente del buque vikingo fue primordialmente para establecer unos parámetros defensivos sólidos, que todos los asimilasen y a partir de ahí crear un juego ofensivo dañino. Eso es lo que faltó el año pasado, atrevimiento, y sin embargo en este, en tan solo dos partidos, el equipo ya ha demostrado que no es inferior a nadie y que va a pelear de tú a tú con todo el que se cruce en su camino.

Así, el orgullo hacia mi equipo era grande hasta que se produjo el bochorno. Me daba igual que el árbitro no pitase tal o cual, que Messi metiera todo lo que tocara o que Valdés se encontrara los balones a bocajarro que le asediaban. En verdad, me daba igual porque veía que mi equipo estaba siendo, por fin, el mejor equipo sobre el terreno de juego, el que hacía por jugar al ataque e impedir que lo hiciera el contrario y el que merecía ganar. Pero en el fútbol no vale con eso, y el que ganó fue el Barça. Con eso, lo único que me queda es suscribir las palabras del capitán de la Selección española, Iker Casillas, al felicitar al Barça y al alentar a sus compañeros a seguir trabajando.

Me gustaría enormemente poder quedarme con esa sensación. No obstante lo que pasó al final es algo que ya había ocurrido antes, que volverá a pasar y que debemos solucionar entre todos para que nuestro fútbol se sane. Hasta entonces, apoyo la huelga de la AFE indefinidamente porque ya estoy cansado de estos dos.

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