El 2006, año en el que el Sevilla fue proclamado mejor equipo del mundo por la Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol (IFFHS) se ha terminado. Desde ese año en el que el conjunto sevillista tocó el cielo en Glasgow, todo ha ido cuesta abajo. Ya no se ficha bien y, por consiguiente, no se vende correctamente. Pero el mayor problema de este Sevilla es que ya no gana.
Todo quedó ejemplificado ayer en el Sánchez Pizjuán. El Espanyol jugó mucho mejor que el equipo de Goyo Manzano, lo que quedó reflejado en el marcador. Si no hubiera sido por el postrero golazo de Negredo, el resultado final habría sido un doloroso 0-2. Y es que el Espanyol recuerda a ese Sevilla del 2006. Un equipo que trataba bien la pelota, que jugaba al ataque y cuya defensa era infranqueable.
Pero lo que diferencia a ese equipo ganador, del que hoy ocupa la décima posición de la tabla es su estatus. Desde que se ganó la Copa de la Uefa y la Copa del Rey y, sobre todo, desde que Del Nido se tiró un año recordando a toda España que su club era el mejor equipo del mundo, el Sevilla ha sido considerado como tal, como un grande. Y parece ser que eso no beneficia al equipo hispalense. Siendo un club menor, el Sevilla fichaba jugadores desconocidos a bajo precio que demostraban ser enormemente rentables para luego venderlos por millonadas. Era un bucle dirigido por Monchi que salía a la perfección. Pero este año ya no. El verano pasado no se quiso vender a Luis Fabiano, y eso es síntoma de equipo grande. Si se hubieran ingresado los 20-25 millones que Milán o Marsella ofrecían por el brasileño, se habría continuado con la política de fichar barato para vender caro. Pero no, el Sevilla se lo ha quedado, y se ha equivocado. La plaza de delantero centro estaría perfectamente cubierta con Negredo, y ese dinero se podría haber utilizado para apuntalar la plantilla. Sin embargo, el Sevilla se creció y se negó a vender.
Otro de los aspectos que diferencian a ese Sevilla ganador del de este año es el entrenador. Antes se recurría a gente de la casa, con poco nivel de banquillo pero con mucho fútbol en la cabeza. Eso hacía grupo y se notaba luego en el campo. Ahora se fichan entrenadores contrastados los cuales llevan años haciendo grandes temporadas en sus clubes. Desconocen la filosofía del Sevilla y no son capaces de adaptarse a ella.
Por todos estos síntomas me atrevo a afirmar que el Sevilla se equivoca al considerarse un grande. Su afición se ha acostumbrado a ganar, y eso tampoco es bueno. Con lo bien que le iba siendo un equipo bueno pero menor, de sorpresas, sin presión y con mucho fútbol. Ahora es un equipo presionado, obligado a ganar. Y hasta Del Nido lo ha reconocido en unas declaraciones recientes. El máximo mandatario de la entidad sevillista admitía haber creado un monstruo tan grande que no eran capaces de controlar. El Sevilla, ese año 2006, principalmente en Glasgow, nos hizo felices a todos los españoles. Ahora, es un equipo odiado en muchos campos y cuya racha triunfadora pende de un hilo. Por eso, Del Nido, que ha demostrado ser un gran dirigente, debería encauzar la dirección de su club y llevarlo al camino que tenía antes, ese en el que Monchi era fundamental y en el que jugadores desconocidos veían al club como una gran oportunidad para demostrar su valía.

16:40
Torrichano

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